Vivimos en una era donde las tecnologías digitales atraviesan todos los aspectos de la vida cotidiana. Las niñas, niños y adolescentes usan celulares, videojuegos, redes sociales y herramientas educativas basadas en inteligencia artificial.
Sin embargo, la mayoría de estos entornos fueron diseñados por y para adultos, sin contemplar sus derechos, necesidades y formas de pensar.
El mundo digital se convirtió en el espacio en el que acceden a educación, entretenimiento y donde construyen gran parte de sus relaciones sociales.
El 96% de niñas, niños y adolescentes cuentan con acceso a Internet en el hogar. Solo aquellos con nivel socioeconómico bajo se observa una menor presencia de este recurso (89%).
El teléfono celular es el dispositivo más utilizado para acceder a Internet (88% de los chicos y chicas lo usa todos los días para conectarse).
El 76% afirma que sus padres o adultos les «aconsejan cómo usar Internet de forma segura».
La creación y difusión de imágenes, audios o videos falsos mediante inteligencia artificial, incluso cuando parecen simples bromas, puede normalizar prácticas que vulneran derechos fundamentales como la privacidad, la identidad y la integridad digital. Niñas, niños y adolescentes quedan especialmente expuestos, ya que muchas de estas plataformas no cuentan con filtros de edad ni mecanismos de protección. El fenómeno de los deepfakes —imágenes y voces creadas artificialmente— creció en los últimos años y afecta directamente a la autonomía, la seguridad y los datos personales de los más jóvenes.




La inteligencia artificial hoy permite generar imágenes, voces y videos falsos con apariencia real. Aunque a veces se usen como “chistes”, estos contenidos pueden vulnerar derechos fundamentales como la privacidad, la identidad y la integridad de niñas, niños y adolescentes.
En redes y entornos escolares ya circulan estos deepfakes, provocando vergüenza, aislamiento y daños emocionales que perduran aún después de borrar el contenido. Frente a este escenario, la prevención y el acompañamiento adulto son esenciales para frenar su normalización.
Toda acción que afecte a los chicos – tanto en el mundo digital como fuera de él – debe priorizar su bienestar por sobre cualquier otro interés. Esto se llama principio del Interés Superior del Niño y aplica a cualquier situación que involucre a personas menores de 18 años.
Este principio está establecido en:
La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), Tratado Internacional que goza de jerarquía constitucional en nuestro país.
El Código Civil y Comercial de la Nación que regula la edad necesaria para brindar consentimiento, como así los deberes de los adultos que ejercen la responsabilidad parental y deber de cuidado de los niños.
La Ley 26.061 de protección integral de los derechos de niños, niñas y adolescentes.